martes, junio 12, 2007

Historias de vida

Una vez alguien me dijo, Lily, vos no sabes lo que es vivir como extranjero en un país que no es el tuyo, porque dime ¿tu documento de identidad qué dice? que sos argentina verdad? si, le dije.. y ¿donde vives? yo le dije que en Argentina.. y me dijo ¿ves? no vives fuera de tu país así que no sabes lo que uno vive afuera, así que no puedes aconsejarme o decirme que me esfuerce y me quede acá, porque vos no sabes lo que es el desarraigo.
No recuerdo en qué quedó esa conversación porque hace tiempo de esto, creo que finalmente terminó regresando a su país.
Pero estaba equivocada esta persona, porque a los 13 años viví lo que es el desarraigo, y voy a contarles cómo fue eso.
Transcurría el año 85, con mi familia vivíamos modestamente pero felices en nuestra casa, mi hermana mayor ya pronto iba a terminar el secundario y si bien mi papá tenía su trabajo seguro, su sueldo no era suficiente para que una vez terminado el colegio la pudieran mandar a la universidad, el alquiler de un departamento, más los costos de alimentación y material que ella iría a necesitar, no lo iban a poder pagar, mi mamá trabajaba con su pequeño negocio, pero ni con eso podrían cubrir los gastos y peor aún cuando sabían que en esas ciudades como La Paz, Sucre, etc u otras de las ciudades donde estaban las universidades del país no teníamos parientes como ni para llegar en caso de urgencia, fue así como entonces mis padres comenzaron a pensar en mandar a mi hermana a Buenos Aires donde estaban todos los hermanos de mi mamá y también las universidades.
De Buenos Aires mis recuerdos se limitaban a las vacaciones, recordaba el sabor del alfajor, y obviamente el estar con todos los primos. Mis papás dicen que jamás se les cruzó por la mente instalarnos a vivir acá en Buenos Aires, si solíamos venir era solo por vacaciones, mi papá como boliviano, era de los más aferrados a su país, y mi mamá argentina pero que estaba más acostumbrada a vivir en Bolivia que en Argentina, y nosotras amábamos solo el lugar donde vivíamos.
Y así fue que mi mamá vino a Argentina para ver las posibilidades que tendría su hija de estudiar y hacer sus papeles, y cuando regresó, supongo que habló con mi papá y ambos decidieron viajar con mi hermana para estos lados, el tema éramos nosotras 3, las tres menores, ¿qué hacer con nosotras? cómo eran épocas de las vacaciones de verano, nos dijeron si nos gustaría quedarnos con mi abuela allá en sus tierras, y para nosotras fue la idea más brillante porque irnos de vacaciones a la casa de la abuela, iba a ser lo máximo, sin nadie que nos controlara, tener todo el campo para correr, bañarnos en el río, colgarnos de los perales, correr por las viñas.. wow.. era algo con lo que alucinábamos aún antes de ir para allá; así que bueno, dijimos que siiiii.. iba a quedar la familia separada "por un tiempo" pero bueno eso para nosotras era lo de menos. Y así fue.
El día en que dejábamos nuestra casa para ir a la casa de mi abuela, íbamos a viajar con mi papá.. mi mamá había tenido que viajar antes porque mi abuelo (su papá) se encontraba enfermo y como mi abuela paterna y mis abuelos maternos eran vecinos, igual nos íbamos a encontrar con mi mamá para despedirnos. Antes de dejar la casa, nos despedimos de mi hermana mayor a quien no íbamos a ver por ese verano; alistamos nuestras cosas y salimos. Cuando llegamos a la terminal nos avisaron que ese día no íbamos a poder viajar, se cancelaba el viaje por desperfectos y no sé que cosa. Así que retornamos a casa.. - ¿no sé si alguna vez pensaron que si algo sucede a veces es porque no deben ir a un lugar o no hacer tal cosa, no sé si les pasó.. pero creo que a veces suele ser como una señal no? no sé - y digo esto porque creo que eso pasaba, luego de tres días consecutivos de intentos de viajar, yendo a la terminal y regresando, porque la misma historia fue en esos tres días pero persistentes en lo propuesto igual íbamos a la terminal, hasta que finalmente viajamos pero..... en medio camino tuvimos problemas se había pinchado un neumático, o dos no sé.. el hecho es que tuvimos que estar horas y horas esperando que arreglen eso, creo que fueron dos neumáticos los que pincharon porque el arreglarlo les llevó media tarde; nosotros necesitábamos llegar temprano porque nos iban a dejar en plena montaña y de ahí había que descender caminando como una hora, luego cruzar un pequeño río y llegar a la casa de la abuela.
Llegamos a dicha montaña ya un poco tarde por lo que nos apresuramos en descender, yo tenía 13 años, mis otras hermanas 10 y 7 años, no recuerdo cómo fue el bajar rápido aquellas montañas mis hermanas a pesar de ser chiquitas eran como pequeñas cabritas, pero llegamos a donde estaba el río y para nuestra mala suerte, el río estaba lleno, había llegado mucha agua, ya no eran las aguas transparentes en las que pensábamos bañarnos, sino turbias, y torrentosas; cruzando el río estaba la casa de mi abuela, de este lado la montaña y ya era tarde, así que mi papá comenzó a mirar y como hombre de campo, dijo que se podía cruzar y eso hizo, tomó nuestras cosas se las puso al hombro y cruzó el río, ponía el pie en un lugar y siempre salía río más abajo, caminaba como si el río lo estuviera llevando, hizo cruzar nuestras cosas, incluso a nuestra perrita y al gato, a quienes habíamos llevado, luego, puso en sus hombros a una de mis hermanas y cruzó con ella, lo mismo hizo con mi otra hermana, quedaba yo del otro lado del río, regresó por mí, y si bien tenía 13 años ya no era tan niña y aquellos tiempos solía ser alta y era grande para ser llevada en hombros, así que no quedaba otra que yo cruzara el río, mi papá me dio las indicaciones, que debía seguir la corriente y si sentía que las aguas me estaban llevando debía dejarme llevar y no enfrentarme a la corriente porque iría a tirarme, igual él iba a llevarme de la mano, así que nos metimos a esas aguas, yo estaba asustada, nunca había cruzado un río en esas condiciones, si se preguntan de si no había puente?.. pues el puente había sido llevado por las aguas; y que eso suceda era algo normal en aquel lugar, a medida que avanzábamos el agua subía, hasta que el agua llegó a la altura de mi cuello, el río tenía esa altura; pero eso no era lo peligroso, en aguas mansas eso sería como estar en la pileta, pero en tierra pedregosa y con aguas turbulentas es todo muy distinto, uno no sabe ni donde pisa y la fuerza del río hace como torcer las piernas; recuerdo que mis hermanitas miraban desde la orilla como asustadas o haciendo fuerza.. y nosotros íbamos corriente abajo, en un momento sentí que la fuerza de las aguas hacía que mis pies se cruzaran y temí que fuera así porque no solo iba a caerme, sino que también iba hacer caer a mi papá, yo no sabía nadar así que si eso pasaba, iba a ser una tragedia; habré pisado piedras, ramas, espinas no sé.. pero pisé firme para no caerme; hasta que logramos salir.. y ahí cuando salí creo que recién me entró el miedo y mi papá me abrazó y me decía.. muy bien mi lilita.. ya sabe hasta cruzar un río.. y esa fue la charla mientras no metimos por los viñedos sintiendo el aroma de la tierra, las uvas, el pasto, todo; hasta que comenzamos a sentir el olorcito a leña quemada que salía de la chimenea de la cocina de mi abuela, ya era de noche y aunque cuando llegamos lo primero que hicieron fue retar a mi papá por haberme hecho cruzar el río así, nosotras estábamos contentas iba a comenzar nuestra mini-aventura allá en el campo, y eso era emocionante.
continuará

2 comentarios:

Martín Bolívar dijo...

Una historia entrañable y la entiendo perfectamente porque nací en Buenos Aires y me vi obligado a cruzar el charco y ahora vivo en España, dejando a mi madre, mi padre ya había fallecido, y a mi hermana en la capital argentina. Ahora vivo en España a más de 10.000 kilómetros de distancia. Vos tuviste la suerte de crecer en un país, pero es difícil cuando salís siendo ya una persona madura. Por otro lado, te agradezco tu comentario sobre los sin techo y te digo que el problema lo deben resolver los políticos, los gobernantes, con medidas concretas que incluyan la educación en la integración social. Te propongo que busques en Google (España): "erradicación del chabolismo". Vivo hace 21 años en Avilés, Asturias, y he visto como han erradicado totalmente las villas miserias, acá se llaman chabolas, de gitanos y portugueses. Eso sí, se hizo con una adaptación en una llamada ciudad promocional, con cursos de albañilería para los varones y cursos de jardinería para mujeres. La municipalidad luego les dio trabajo a través de contratos y después de un período de adaptación pasaban a vivir en una casa (propiedad de una fundación) a la que debían pagar un alquiler o comprarla. También fueron alojados en viviendas de promoción social que tienen precios más bajos que los del mercado para personas necesitadas. Es decir que es posible eliminar las villas miserias con políticas de gobierno adecuadas. Un cordial saludo.

Gabriel dijo...

bellos e importantes recuerdos guardas ahi che... como siempre me quedo pegado a a historia.. un abrazo, muchos saludos y besos

tu amigo perucho

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